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La importancia de reducir el
estrés
Por Alain Maortúa
alainmaortua@yahoo.es
Según el diccionario de la Real
Academia Española, estrés: (Del inglés Stress), Tensión provocada por
situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos
psicológicos a veces graves.
m. PAT. Alteración física o psíquica de un individuo por exigir a su
cuerpo un rendimiento superior al normal: padece de estrés desde que trabaja
tanto.
Podemos encontrar diferentes
definiciones pero en este artículo, me referiré al estrés como, la respuesta
adaptativa del organismo ante las exigencias que el medio le impone.
El estrés es necesario, prepara
el cuerpo para la acción. El sistema nervioso se pone en marcha activando la
secreción de diferentes hormonas (mensajeros químicos) como la adrenalina, para
maximizar los sentidos, pero conviene saber que una exposición prolongada a
situaciones de estrés es muy perjudicial para nuestros perros.
Resulta relativamente fácil que
el estrés se acumule en su organismo, llegando fácilmente a convertirse en
estrés crónico, lo que provoca todo tipo de trastornos, inhibe el control de los
impulsos y provoca reacciones inesperadas.
Un perro estresado, no puede pensar correctamente ni aprender. Los
comportamientos previamente aprendidos pueden sustituirse por respuestas típicas
de la especie.
Bajo este punto de vista, es
necesario que hagamos un ejercicio de autocrítica y pensemos en la cantidad de
situaciones a las que exponemos a nuestros perros sin tener en cuenta el estrés
que ello les supone.
- Les dejamos solos sin
acostumbrarlos previamente y sin ningún tipo de objeto que les estimule
mentalmente.
- Les obligamos a realizar
un mayor esfuerzo físico del que realmente necesitan.
- No respetamos sus horas de
sueño y por lo tanto no dejamos que descansen lo suficiente.
- Utilizamos correas cortas,
excesivamente restrictivas que no permiten al perro expresarse con
normalidad y favorecen los conflictos con el guía y con otros perros.
- Desconocemos sus sistemas
de comunicación (Señales de calma).
- Demandamos continuamente
su atención.
- Utilizamos premios y
castigos indistintamente, creando desconfianza.
En especial observo dos
actividades relativamente comunes entre los dueños:
- Por un lado, existe la
falsa pero muy arraigada creencia, de que algunas razas son muy activas o
especialmente nerviosas y necesitan hacer ejercicio continuo para quemar ese
exceso de vitalidad. Con ese fin, se lleva a los perros a perseguir pelotas
u otros objetos durante periodos de tiempo excesivos, o se les lleva a
practicar Agility u otras modalidades deportivas.
Una cosa es la predisposición que pueda presentar una raza determinada y
otra muy diferente la potenciación que de esta podamos hacer con la
educación.
Por ejemplo:
Tenemos un cachorro de Bóxer. Como supuestamente es una raza que necesita
actividad, no tardamos en jugar con él a perseguir una pelota. En poco
tiempo, el perro parece disfrutar de ello más que con cualquier otra
actividad, pero lo que realmente ocurre es que se produce un desequilibrio
químico en su cerebro. La adrenalina es el principal de los mensajeros
químicos que se sintetizan en estos casos de estrés agudo, llevando al perro
a un estado de sobreexcitación.
Aún así, hay gente que sigue pensando que a su perro le gusta, pero eso no
quiere decir que sea bueno para él.
También puede añadirse el agravante de que sea el único momento en el que se
interacciona con el perro, lo que aún lo hará más interesante la actividad a
realizar.
- Y por otro lado, tenemos a
la tan demandada obediencia básica. Se exige continuamente a los perros que
cumplan “órdenes” y en la mayoría de las ocasiones, con el único fin de no
ser castigados; o lo que es peor, alternando premios y castigos, que llevan
al perro a un estado de total confusión y gran desconfianza hacia sus
dueños.
La producción de los diferentes
mensajeros químicos, no se puede parar con un interruptor. Tras una situación
crítica, la adrenalina se sigue liberando en el organismo y entre cinco y diez
minutos después de pasada ésta; llega a su punto más álgido provocando
reacciones inesperadas que no se suelen relacionar con lo que ocurrió
anteriormente.
Todo esto no quiere decir que
no podamos realizar determinadas actividades con nuestro perro, pero tenemos que
vigilar que no muestre ningún síntoma de estrés y siempre lo haremos durante
cortos periodos de tiempo, dejando que el cuerpo se recupere (dependiendo de la
intensidad, pueden pasar días). Lo malo, como veíamos con anterioridad, es
cuando, por diferentes razones, ese estrés se acumula pasando a ser crónico,
manteniendo al cuerpo en un estado continuo de alerta que lo lleva a un profundo
desequilibrio, debilitando su sistema inmunológico y en definitiva, a un
trastorno general muy preocupante.
Algunos síntomas que nos pueden
indicar que un perro está estresado pueden ser:
- Jadeo rápido (no
relacionado con el ejercicio)
- Falta de atención (no
responde a nuestras señales)
- Bostezos (no relacionado
con sueño)
- Hiperactividad
- Sacudirse como si
estuviera mojado
- Estirarse
- Comportamiento destructivo
- Ladrar en exceso
- Falta de apetito
- Agresividad
- Falta de concentración
- Mayor frecuencia de
micción y defecación
- Diarreas
En casos de estrés crónico,
pueden aparecer conductas estereotipadas o llegar incluso a la automutilación.
¿Que podemos hacer para reducir
el estrés?
- Debemos crear un fuerte y
estrecho vinculo.
- Establecer una buena
comunicación, identificando y respetando las señales de calma; esto evitará
tener que dar tantas “órdenes”.
- Comprender que los perros
no ven las situaciones como nosotros.
- Hay que ser capaces de
ponerse en su lugar, de entender el porqué de sus comportamientos y así
reducir los conflictos.
- No potenciar la
predisposición que pueda presentar el perro a realizar un determinado
comportamiento evitando reforzarlo.
- Pasear por lugares
estimulantes donde pueda utilizar sus sentidos.
- Dejar que el perro se
relaje. Tenemos que pensar que también disfrutan estando relajados y debemos
proporcionarles esos momentos de descanso.
El estrés, es sin duda, el
causante de la mayoría de los problemas de comportamiento que presentan los
perros, por lo que resulta realmente importante identificar las fuentes que lo
provocan y no exponer al perro a las mismas.
Ahora ya tenemos algunas pistas
para ser capaces de reducirlo. ¡Está en nuestras manos!
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