
Hoy me he levantado con el pie izquierdo. Hace viento sur.
Por Alain Maortua
alainmaortua@gmail.com
Es que mi perra es ¡dominante! Por eso se tira a
morder…
me decía el dueño de una Pastor Alemán mientras tiraba de la correa para alejar
a su perra de la mía.
Normalmente no reacciono ante este tipo de comentarios. Me
limito a sonreír y continuar mi camino, pero mi pie izquierdo o el viento sur o
lo que es más probable, la visión de nuevos encuentros con este señor y su
perra, me hacen reaccionar y cuestionarle el conocido mito de la dominancia.
Es que en casa ya le hemos hecho saber a la perra
el lugar que ocupa dentro de la manada pero en la calle, le gusta dominar.
– Pues fíjese que yo creo que a pesar de estar muy extendida,
la visión de que el perro nos quiera dominar, es errónea.
Je je, que quiere que le diga, hay perros que, al
igual que los lobos, son dominantes, el macho y la hembra Alfa. El perro
desciende del lobo, ¿nunca ha oído esto?
– Claro que sí, pero esa afirmación podría ser comparable a
decir que como los humanos descendemos del mono nos comportamos como tal y eso
es excesivo, ¿no cree?
Bueno, yo simplemente le comento lo que he oído
que dicen los expertos.
– Sí, es cierto, son muchos los profesionales que continúan
asegurándonos que tenemos que dominar a nuestros perros. Se basan en que el
perro desciende del lobo, que el lobo es un animal dominante y que por lo tanto
el perro también lo es y nos ve a nosotros como los miembros de su manada, a los
que intenta dominar.
Sin embargo, yo insisto. Es una opinión generalizada, pero ello no significa que
sea verdadera. Muchos de los estudios en los que se basa esa teoría se
realizaron observando agrupaciones de lobos en cautividad o en condiciones no
naturales. Los lobos no aceptan bien la presencia de otros lobos desconocidos y
por lo tanto es fácil observar conflictos.
Bueno, las manadas que se forman entre perros y
personas tampoco son naturales, y usted me confirma que en las manadas en
cautividad, los lobos desconocidos se comportan de forma dominante y surgen los
enfrentamientos…
Pues entonces, si el perro vive en una manada que no es natural, una familia
humana, con individuos que no conoce y no tiene claro cual es su lugar, es
decir, no se le enseña quien es el líder, peleará por su posición, ¿no?
– Un momento, observe que al referirme a condiciones no
naturales o de cautividad, me refiero a agrupaciones y no a manadas.
Para describir las manadas, le citaré los estudios más recientes del gran
especialista en lobos David Mech [1], según los cuales los lobos viven en
núcleos familiares en los que los supuestos Alfa son en realidad los padres
(como ya señaló Murie en 1944, y muchos otros observaron con posterioridad:
Young y Goldman, 1944; Shenkel, 1947; Mech, 1970, 1988; Clark, 1971; Haber,
1977).
Mech concluyó que la familia suele ser la manada típica, en la que los padres
adultos guían las actividades del grupo siguiendo un sistema de división del
trabajo.
En palabras del propio Mech, “Se ha creado mucha confusión al intentar aplicar a
la estructura familiar de las manadas en libertad la información extraída sobre
el comportamiento de agrupaciones de lobos ajenos en cautividad. Este enfoque es
equiparable a intentar sacar conclusiones sobre la dinámica de una familia de
seres humanos a partir del estudio de seres humanos en campos de refugiados”.
Además, y perdone que me extienda, otros estudios muestran que el comportamiento
de manada es una respuesta desarrollada para un hábitat en particular. Ese
comportamiento no está en los genes de los lobos, no es innato. Como dice
Raymond Coppinger [2], es epigenético [3], es decir, resulta de cierta
interacción entre los genes y el ambiente.
Por lo tanto, si los lobos no forman manadas de forma instintiva, ¿por qué razón
deberían hacerlo los perros?
Pues porque la relación entre personas y perros,
llámele manada, agrupación o como quiera, es propicia para ello. Es ese hábitat
del que usted me habla.
– ¿Si? ¿Acaso saldremos a cazar juntos? ¿Pelearemos por la
misma hembra en celo? ¿O tal vez por la misma comida?
Seamos realistas. No existe ninguna razón para hacerlo, todas sus necesidades
están cubiertas, y parece lógico pensar que si no existe razón alguna para
formar una manada tampoco la hay para tratar de dominar, de ser ese famoso lobo
alfa.
Al final terminará usted diciéndome que ni
siquiera descienden del lobo…
– Por supuesto que el perro desciende del lobo, o mejor dicho,
ambos, lobo y perro, descienden de un cánido común, que se parecía mucho a los
lobos que conocemos hoy en día, pero ello no significa que se tengan que
comportar de la misma manera.
De hecho no lo hacen; fíjese en que no presentan los mismos patrones de conducta
[4]. ¿Se imagina usted a un lobo cuidando ovejas? ¿Y pastoreándolas tal vez?
El perro ha pasado por un proceso de domesticación que le ha llevado a ser
diferente de los lobos. Los perros son capaces de convivir en armonía con todo
tipo de animales y son adiestrables. Aprenden de manera diferente a como lo
hacen los lobos, como demostró el Psicólogo Harry Frank [5], entre otras cosas
porque los perros tienen el cerebro mucho más pequeño y no tienen las mismas
necesidades.
Y también podríamos mencionar algunas de las muchas diferencias físicas que
existen entre perros y lobos, en las que muchas personas parecen no reparar:
- Los perros poseen mayor concentración de glándulas
sudoríparas en las almohadillas que los lobos.
- Las perras tienen 2 ciclos de celo al año, las lobas
solamente uno.
- Las perras pueden tener su primer celo entre los 6 y 12
meses de edad, las lobas nunca antes de los dos años.
- Las perras pueden tener camadas en cualquier época del
año, las lobas sólo en primavera.
- Etc.
En resumen,
“Los dos cánidos, perro y lobo, se han adaptado a nichos
diferentes y son por lo tanto animales distintos”.
(Raymond Coppinger)
A pesar de lo que me cuenta, yo he conocido
perros muy dominantes.
– ¿Dominantes o perros a los que se les ha enseñado a ser
conflictivos?
Lo que yo observo es que cuando un perro se
acerca a mi perra lo hace marcando gestos y posturas de sumisión, porque sabe
que mi perra es dominante.
– Su interpretación de esa situación es en términos de
dominancia-sumisión pero, ¿y si le dijera que lo que ese perro hace es intentar
apaciguar a su perra porque ve en ella una actitud nerviosa, de miedo o de
desconfianza? El perro está mostrando señales de calma [6], lo cual es muy de
agradecer porque evita que en esa situación se produzcan conflictos.
Lamentablemente, algunos perros tienen esa capacidad inhibida por un manejo
inadecuado.
Sé que no es fácil cambiar nuestra manera de actuar, ni de ver las cosas, pero
tenemos que aceptar que los perros no nos entienden cuando pretendemos ser los
líderes, ellos no entienden de manadas, no entienden nada de ser el Alfa. Esta
actitud sólo nos lleva a confundirlos totalmente, a crear problemas donde no los
había.
Si queremos a nuestros perros, ¿porqué nos empeñamos en fastidiarles
continuamente? ¿Por qué no abrir los ojos y mirar más allá?
Oiga, yo siempre he tenido perro, siempre les he
educado igual y ¡siempre me han respetado!
– Donde usted ve respeto, yo veo algo muy diferente, pero eso
tal vez se lo cuente otro día. Todo dependerá del pie con el que me levante, o
del viento sur, o lo que es más probable, de las ganas que tenga de hablarle
sobre el miedo que le tiene su perra.
Evidentemente, este diálogo es ficticio pero muy a menudo
tengo conversaciones parecidas que versan sobre el mismo tema. Podría decir que
es una especie de resumen de todas ellas.
Me preocupa que la gran mayoría de los dueños de perros tengan
esta visión equivocada. Mirar a los perros bajo el prisma de la dominancia les
hace ver desafíos continuos en todos sus comportamientos, lo cual lleva a ambos
a compartir una existencia mísera, llena de enfrentamientos.
Por eso, a ellos como a Usted, les invito a profundizar en el
tema para que conozcan “la otra versión de la historia” y puedan sacar sus
propias conclusiones.
La bibliografía que adjunto a esta historia le permitirá empezar a desmontar de
una vez por todas el mito de la dominancia como explicación para todo.