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Es curioso ver como el progreso y
la revolución tecnológica pretende también “alienar” la naturaleza y todo lo que
le rodea.
El ser humano, que intenta mecanizar, robotizar, manipular y controlar
absolutamente todo se dispone a “inventar” artilugios para adiestrar al que
llamamos nuestro mejor amigo…
Sinceramente no puedo imaginarme
poniendo un collar de impulsos a un amigo para que me escuche, me atienda, o no
se aleje de mi lado.
Estamos en la era de haber quien inventa el aparato más “práctico”, más
innovador y que se pueda vender como algo milagroso que puede erradicar muchos
problemas.
Nos empeñamos en cuantificar, robotizar y manipular a los perros de forma que
dejen de ser eso, perros, para convertirlos en auténticos robots con un grado de
obediencia “perfecto” que sirvan a los humanos no sólo en funciones tan
conocidas como perros policía, sino para muchos propietarios inexpertos que
pretenden convertirse en profesionales caninos de la noche a la mañana.
Es curioso como la gente que utiliza este collar, lo defiende con argumentos
tales como, gracias a este invento salvé la vida de mi perro…pero yo me
pregunto, ¿qué vida has salvado? Acaso es vida someter a nuestros perros a
estrés, miedo, dolor, esclavitud?
He escuchado de todo acerca de este dichoso collar.
Mientras unos lo defienden como el invento milagroso que resuelve todos los
traumas y nos facilita la convivencia y el adiestramiento de nuestros amigos
caninos, y otras personas como yo, nos oponemos completamente a usarlo, ya no
sólo por el daño físico y psicológico que éste implica, sino porque no es más
que una herramienta anti-natural que creo totalmente innecesaria. Es más me
atrevería a decir que quien la utiliza es porque no cuenta ni con la formación
ni los recursos necesarios para enfrentarse a según que tipo de malas conductas
caninas.
Si pensamos en la relación hombre-perro, y nos remontamos a la época donde estos
inventos de pilas no existían, nos encontramos con perros adiestrados,
preparados para el servicio del hombre tan o mejor adiestrados que los que
tenemos en la actualidad.
No hay que olvidar que el papel del perro en nuestra sociedad ha cambiado mucho.
Si antes el tener un perro en una ciudad era impensable, ahora es impensable no
ver canes paseando por las calles y correteando en los parques.
Antiguamente el perro era un animal funcional, se utilizaba en diferentes tareas
para ayudar al hombre, como cuidar el ganado, como perro guardián, de rescate,
etc…
Y Ahora que en la mayoría de casos lo que buscamos en un perro es que sea un
miembro más de la familia, ¿tenemos que recurrir a aparatos que creemos son
mandos a distancia, para conseguir nuestro objetivo, someter a nuestro mejor
amigo?
Me gustaría que muchos de los que defienden estas técnicas lo probaran con ellos
mismos, o incluso con sus hijos…
No se trata de una cuestión de maltrato, se trata de ética, de buscar la forma
más adecuada y que no conlleve un elevado riesgo de traumas y fobias posteriores
para la educación y en muchos casos recuperación de nuestros perros.
En Takoda, hemos recuperado muchos perros con fuertes traumas, fobias,
agresividad, y podemos asegurar al 100% que con métodos como el collar eléctrico
jamás habrían mejorado.
En mi humilde opinión, un adiestrador en excelencia es aquel que no necesita más
que su propia presencia, sin artilugios, ni aparatos, ni collares de pinchos,
simplemente la comunicación con los perros. Si un adiestrador logra establecer
una comunicación eficaz con los perros sin recurrir a métodos como el collar
eléctrico, para mí ya ha ganado mucho más que un perro felizmente adiestrado, ha
ganado un amigo.
Adiestradora/ Etóloga Canina
Directora Takoda, Adiestramiento Natural Mascotas
http://www.takoda.es/
© 2007-2010 Virginia Millares